Blog en lucha contra el capitalismo religioso anticientífico y antilaico

LOS DIEZ MANDAMIENTOS QUE DEBE SEGUIR TODO BUEN PACIENTE

1º Amarás a tu psicólogo sobre todas las cosas.
2º No tomarás el nombre de la psiquiatría en vano.
3º Santificarás las fiestas. En consulta.
4º Honrarás a tu padre y a tu madre. Trastorno disocial limitado al contexto familiar.
5º No matarás. Psicopatía.
6º No cometerás actos impuros. Parafilia. Al margen del amor, toda conducta sexual es un trastorno.
7º No robarás. Cleptomanía (trastorno de control de impulsos).
8º No darás falso testimonio ni mentirás. Mitomanía (trastorno del mentiroso compulsivo).
9º No consentirás pensamientos ni deseos impuros. Trastorno obsesivo compulsivo.
10º No codiciarás los bienes ajenos. Trastorno narcisista.

 

PSIQUIATRÍA INQUISICIÓN DEL S. XX Y XXI

Este texto ha sido extractado de otro texto mayor, me he dado cuenta porque me sonaba ha leído, el texto original y completo se puede encontrar en esta misma web con el título: Antipsiquiatría deconstrucción del concepto de enfermedad mental.

 

En el libro El mito de la Enfermedad Mental se hace un repaso histórico de la transición inquisitorial católica medieval a la Inquisición pseudocientífica actual. Abordando desde los reinos y el comercio su entrada a las instituciones laicas.

 

La teoría de la enfermedad mental es científicamente imprecisa y su estatuto esta aún por definirse. La psiquiatría como institución represora es incompatible con los principios de libertad, y debería desaparecer. Al negar la validez científica de la teoría de la enfermedad no se esta negando la realidad de las enfermedades neurológicas, la locura, el crimen, el consumo de drogas y los conflictos sociales.
El concepto de enfermedad mental tuvo su utilidad histórica pero en la actualidad, es científica y médicamente inapropiado, así como moral y políticamente incorrecto por las razones que veremos en este artículo.
El mito de la ‘enfermedad mental’ y la fabricación de la locura.
En 1961, Thomas Szasz, médico psiquiatra, psicoanalista y actualmente Profesor Emérito de la Universidad del Estado de New York, publicó El mito de la enfermedad mental, que inició un debate mundial sobre los denominados trastornos mentales. Szasz anota que la mente no es un órgano anatómico como el corazón o el hígado; por lo tanto, no puede
haber, literalmente hablando, enfermedad mental. Cuando hablamos de enfermedad mental estamos hablando en sentido figurado, como cuando alguien declara que la economía del país está enferma. Los diagnósticos psiquiátricos son etiquetas estigmatizadoras aplicadas a personas cuyas conductas molestan u ofenden a la sociedad. Si no hay enfermedad mental, tampoco puede haber hospitalización o tratamiento para ella. Desde luego, las personas pueden cambiar de comportamiento, y si el cambio va en la dirección aprobada por la sociedad es llamado cura o recuperación.
Thomas Szasz dirige pues el combate contra los internamientos psiquiátricos- señala, como se ha anotado que la enfermedad mental no existe y que los “locos” tratan de decirnos cosas incómodas, lo que no queremos oír. La sociedad cuenta con los psiquiatras para silenciarlos.
Esta conspiración de silencio es lo que denuncia Szasz. Lo que se denomina ‘enfermedades mentales’ son los comportamientos de individuos que nos perturban. La esencia de la locura es el disturbio social y el tratamiento que se aplica a aquellos que la “padecen” se asimila al de un cargo político en el marco de un Estado totalitario, el de disidencia. Así la psiquiatría es también un emplazamiento de lo que se ha dado en denominar el Estado Terapéutico,caracterizado por una excesiva sociedad excesivamente medicalizada y una cultura que tiene como correlato el crecimiento desmedido de la industria farmacéutica y sus obscenas ganancias, llegando a constituir una de las áreas de actividad económica más rentables y pujantes.
Si la esquizofrenia es una enfermedad del cerebro como, digamos, la enfermedad de Parkinson, o la enfermedad de Alzheimer, o la esclerosis múltiple, ¿cómo es que en muchos países hay leyes especiales de salud mental que obligan al internamiento o al tratamiento forzado de los llamados esquizofrénicos? Pero se sabe que no hay leyes especiales para el tratamiento coercitivo de las pacientes con Parkinson, Alzheimer y esclerosis múltiple.
Al señalar que la esquizofrenia es parte del mito moderno de la enfermedad mental, no se intenta negar la existencia de la locura. De hecho, la locura abunda dentro y fuera de los manicomios (ahora llamados hospitales mentales). Lo que estoy cuestionando es la veracidad científica de categorizarla y tratarla como una enfermedad legítima tan curable como una apendicitis o una neumonía. La locura, en su sentido clásico y literario, es más bien un asunto personal (anormalidad) o político (desacato o disidencia).
La Psiquiatría Institucional comprende todas las intervenciones impuestas a las personas por los demás. Estas intervenciones se caracterizan por la completa pérdida, por parte del denominado paciente, del control de la relación con el psiquiatra. Su aspecto económico más importante es que el psiquiatra es un empleado pagado por una entidad privada o pública. Su característica social más destacada es el uso de la fuerza o del engaño. Ahora bien, Szasz no es el único, pero ha sido uno de los primeros en denunciar la represión de la locura con su cortejo de camisas de fuerza, encierros, electroshocks, lobotomías y embrutecimientos químicos. Michel Foucault lo hizo en Francia con su célebre Historia de la locura, y Ronald Laing prosigue un combate parecido en Gran Bretaña. “Estoy al lado de
Foucault -dice- en cuanto a denunciar la opresión psiquiátrica, pero me separo totalmente de él en el análisis y las soluciones.” Foucault veía en los asilos un instrumento de represión de la burguesía contra las “clases peligrosas”. Esto es históricamente falso, señala Szasz. Los primeros asilos fueron creados en Gran Bretaña por la aristocracia para impedir que sus miembros “desviados” disiparan su fortuna. El diagnostico de locura ha sido, y sigue siendo, un medio para desembarazarse de los que molestan. El loco es el que perturba, cuestiona, acusa. La locura no puede, por otra parte, ser definida con ningún criterio objetivo. Tomemos la esquizofrenia: es el diagnóstico de “locura” más corriente. Los psiquiatras tratan de hacernos creer que existe con el mismo título que el cáncer o una úlcera. En la mayoría de los casos, lo que se llama esquizofrenia no se corresponde con ningún desarreglo orgánico. Debe dejarse de afirmar que, detrás de cada pensamiento torcido, hay una neurona torcida.
Si éste fuera el caso, precisa Szasz, habría que tratar la esquizofrenia como cualquier otra. Otros exigían medidas más drásticas, especialmente los paladines de lo que se llamó “movimiento antipsiquiátrico”, el cual tuvo mucho reconocimiento en las décadas de 1960 y 1970. Sus principios eran variados y controvertidos: la enfermedad mental no era una realidad objetiva de comportamiento o bioquímica sino una etiqueta negativa o una estrategia para lidiar con un mundo loco; la locura tenía su propia verdad y la psicosis, en tanto que proceso de curación, no debería ser suprimida farmacológicamente.
No existe siquiera un método objetivo para describir o dar a conocer los descubrimientos clínicos sin recurrir a la interpretación subjetiva y tampoco se cuenta con una terminología uniforme y precisa que comunique exactamente lo mismo a todos. Por consiguiente, se tienen profundas divergencias en el diagnóstico, hay un influjo continuo de nuevos términos y una nomenclatura que no deja de cambiar, así como un exceso de hipótesis que tienden a ser presentadas como hechos.
Además, la etiología sigue siendo especulativa, la patogénesis sumamente oscura, las clasificaciones predominantemente sintomáticas y, por
tal, arbitrarias o posiblemente efímeras; el tratamiento físico es empírico y está sujeto a modas mientras que la psicoterapia se halla aún en pañales y suele ser doctrinaria e ideológica.
Esta psiquiatrización del crimen ha dado origen al mito del paciente mental peligroso: con bastante frecuencia los medios masivos de comunicación informan sobre un crimen al que, enseguida y tras la entrevista a un psiquiatra o psicólogo, se le endilga el calificativo de trastorno mental. Aunque no hay ninguna evidencia de que los llamados pacientes psiquiátricos son más peligrosos que los normales (la situación actual apunta más bien a todo lo contrario), el mito del paciente mental peligroso se resiste a morir.

La teoría de la enfermedad mental tuvo, pues, su utilidad histórica hasta el siglo pasado pero es, en la actualidad, científica y médicamente anticuada pues permite diagnosticar y tratar como enfermos mentales a pacientes con enfermedades cerebrales o de otro tipo que cursan con trastornos involuntarios de conducta; y es moral y políticamente dañina porque se ha vuelto una cortina de humo para toda una serie de problemas económicos, existenciales, morales y políticos que, estrictamente hablando, no requieren terapias médicas sino alternativas económicas, existenciales, morales y políticas. En Gran Bretaña el líder de la antipsiquiatría fue el igualmente carismático Ronald Laing (1927-1989), un psiquiatra de Glasgow inspirado por la filosofía existencialista de Sartre. Éste advierte, con un aforismo típico, que “la locura no es necesariamente sólo colapso sino también descubrimiento. Es una liberación potencial y una renovación lo mismo que esclavitud y muerte existencial”. En 1965 fundó el Kingsley Hall, una comunidad (se evitaba el término “hospital”) en un barrio obrero al este de Londres donde los residentes y los psiquiatras vivían bajo el mismo techo, estos últimos estaban allí para “ayudar” a los pacientes a superar las largas regresiones que caracterizan a la esquizofrenia. Laing fue un brillante escritor que se granjeó un circulo de seguidores durante el tiempo de la contracultura y las protestas estudiantiles contra la guerra de Vietnam. Películas como Family Life (1971) y Atrapado sin salida (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, 1975) suscitaron opiniones en contra de los asilos crueles y el papel policiaco y normativo de la psiquiatría.
Se ha hablado de una “fabricación de locura” para designar aquella práctica que consiste en asignar etiquetas psiquiátricas -rotular- a personas que son extrañas, que plantean un desafío o que representan una supuesta plaga social. En este desenfreno estigmatizador, los psiquiatras orgánicos no son menos culpables que Freud y sus seguidores, cuya invención del inconsciente -según alega Szasz- prestó nuevos bríos a difuntas metafísicas de la mente y teologías del alma.
La antipsiquiatría, asociada fundamentalmente con políticas de izquierda, reclamaba la desinstitucionalización de las prácticas psiquiátricas. Al mismo tiempo y desde un ángulo totalmente diferente, los políticos de la extrema derecha, incluyendo a Ronald Reagan en los Estados Unidos y Margaret Tatcher en el Reino Unido, dieron su apoyo a la “asistencia comunitaria” ya que se oponían a la idea de un Estado benefactor y les interesaba eliminar esas costosas camas de los hospitales psiquiátricos. Enfermedad, y no hacer de los enfermos mentales una categoría aparte, a los que se encierra y se cuida de manera imperativa.

El psiquiatra es el inquisidor del siglo XX
“Para comprender el papel de la enfermedad mental en nuestra sociedad, conviene saber que nos encontramos en presencia de un fenómeno religioso, no científico.” El diagnóstico de “locura”, añade Szasz, ha sucedido, en nuestra civilización occidental, a la “posesión”. La bruja, los poseídos, molestaban, y eran, por tanto, eliminados por los inquisidores en nombre de la verdadera fe. Hoy, los psiquiatras son los nuevos inquisidores, y proceden a una eliminación semejante, pero ahora en nombre de la “verdadera” ciencia. Antaño se creía en la religión; hoy en la ciencia. Una prueba adicional, según Szasz, del carácter pseudo-científico de la enfermedad mental es la evolución de los diagnósticos según las costumbres y las variantes culturales. A fines del siglo XIX, los psiquiatras trataban sobre todo a los histéricos y epilépticos. La histérica, como la bruja de la Edad Media, era generalmente una joven. De hecho, explica Szasz, la histeria no es otra cosa que una categoría verbal inventada por Charcot, el maestro de Freud, para medicalizar los conflictos que surgen entre las mujeres jóvenes y su entorno. Hoy, la histeria ha desaparecido prácticamente -y sin tratamiento-, como diagnóstico a caído en desuso. Ha sido reemplazada por la esquizofrenia y la paranoia. La conclusión de Szasz es que “lo que nos molesta ha evolucionado”. Ahora bien, los pretendidos enfermos mentales buscan precisamente incomodarnos: “La enfermedad mental es la mayoría de las veces una representación destinada al público.” La esencia de la locura es el disturbio social. Pero los “locos” hacen algo más que molestarnos. A pesar suyo, nos prestan también eminentes servicios. El concepto de “enfermedad mental” nos permite acomodar comportamientos que nos cuesta aceptar que puedan ser normales y ello porque atentan contra nuestro narcisismo primario. Conductas como, por ejemplo, el “crimen”. Hoy “los criminales ya no son ejecutados; sino son tratados” , este es uno de los alegatos de la antipsiquiatría. A este respecto consideremos el caso de un condenado a muerte, en Florida, no puede ser ejecutado porque los psiquiatras de la prisión lo encuentran demasiado loco para sufrir su pena. ¿Hay que curarle, para poder ejecutarlo?, pregunta Szasz. El tribunal Supremo de los Estados Unidos tiene la palabra.
Pero ¿por qué se obstina hoy la gente en buscar la enfermedad mental detrás del crimen? ¿Es por humanidad? Todo lo contrario, responde Szasz. Si reconocemos que un hombre es capaz de cometer a sabiendas un crimen espantoso, es porque la naturaleza humana puede ser absolutamente “malvada”. Y ocurre que lo que deseamos es que la naturaleza humana sea “buena”. No queremos admitir que el libre albedrío pueda conducir al crimen. Por tanto, el crimen no debe ser el resultado del libre albedrío, sino el de la enfermedad mental. Hasta el siglo XVIII, el Mal era interpretado como una posesión por el diablo. Hoy, el Mal es necesariamente el signo de un trastorno genético y químico, Todo esto, según Szasz, tiene relación con el pensamiento mítico, no con la ciencia.
Por otra parte, añade, si verdaderamente el comportamiento puede analizarse a partir de la observación del cerebro, ¿por qué no tratamos de averiguar las causas químicas de una “buena” acción, y nos interesamos sólo por las “malas”? “En realidad, la mayor parte de los criminales es normal, e incluso suficientemente inteligente para llevar a cabo crímenes muy complejos.” Una de las conclusiones de la antipsiquiatría es que nada, según el conocimiento actual del funcionamiento del cerebro, permite explicar nuestras elecciones. El libre albedrío no es un fenómeno químico o eléctrico. Es imposible leer nuestros pensamientos en el cerebro. Si bien es exacto que ciertos pensamientos desencadenan ciertas reacciones químicas, la causa de la reacción es el pensamiento libre. Pero, precisa Szasz, la transformación de los criminales en enfermos mentales no es más que la punta del iceberg. Es sólo la expresión caricaturesca de un profundo movimiento de medicalización de la sociedad moderna, así como de la negativa a considerar al hombre como un individuo libre y responsable.
Por tanto, el psicoanálisis, como la psiquiatría, sólo serviría para negar el libre albedrío y para disminuir la responsabilidad individual.

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DOGMATISMOS

PSIQUIATRÍA SU RELACIÓN CON LA RELIGIÓN

Pero ante el descreimiento generalizado en el mundo occidental y la crisis de vocación y del pensamiento cristiano a lo largo de la revolución industrial y la saparación total entre el Estado y la religión

El Estado Laico debía de crear ‘algo’ que sustituyera la religión del estado

La PSIQUIATRÍA, disciplina con 0 base científica, que trataba a personas con graves trastornos neurológicos sin ninguna base científica se prestó como soporte en el ámbito médico para extenderse como la peste para tratar cualquier problema conductual, social o económico que tuviera el sistema con sus ciudadanos.

No es de extrañar que las prácticas psiquiatricas más barbaras se dieran en estados como la URSS por la inexistencia de libertad religiosa y política, sustituida por la religión laica de la psiquiatría.

Todo lo que se saliera del dogma comunista era enfermedad mental.

La psiquiatría, como tal disciplina dogmática tiene sus concilios (las reuniones del APA), sus libros sagrados (DSM-IV y CIE 10) y sus dogmas.

  • Como el cabeza de familia siempre tiene razón
  • El enfermo mental tiene conciencia de su enfermedad cuando dicha conciencia coincide con la opinión del psiquiatra o del cabeza de familia o la autoridad pertinente.
  • Ya que la psiquiatría es una excusa pseudocientífica que lo que dice la autoridad es lo que va a misa, y que el hereje tiene algo mal en el cerebro. Es una religión patriarcal y autoritaria.
  • No vamos a cambiar las cosas, ni su familia perturbada, ni su entorno degradado, ni darle un trabajo vamos a darle la etiqueta enfemo mental y una pastilla, y sino una pensión para cerrarle la boca.

No hay una disciplina “científica” que colabore tanto con el estado ni la justicia, porque es el vasallo leal pseudomédico que admite que la autoridad siempre tiene razón. La autoridad nunca se equivoca porque sus opositores según la “ciencia médica” están enfermos. Sufren de ideación delirante y con medicación van progresivamente tomando “conciencia de la realidad”.

Siglos de ilustración y revolución científica para esto….. hoy en día no se queman a las personas hoy en día se les droga el cerebro.

Aquí hay unos artículos de Evangelistas Creacionistas, que el webmaster no comparte en parte sobre todo la parte de la evolución pero que tocan la psiquiatría

La psiquiatría y la Biblia

Adaptado de un artículo de Paul W. Leithart, M.D.,
Colombus, Ohio.
La psiquiatría es una problemática rama de la medicina. Críticos desde dentro y desde fuera de la profesión la diagnostican como padeciendo confusión, grave enfermedad o como agonizando. El 2 de abril de 1979, la revista Time publicaba un reportaje de fondo titulado «Psychiatry’s Depression» (La depresión de la psiquiatría), y atribuía la dolencia a una «crisis de identidad». Y de nuevo Time, el 29 de noviembre de 1993 (págs. 38-49), publicaba un excelente y extenso estudio acerca de Freud y de derivaciones del psicoanálisis, incluyendo la terapia «de memorias reprimidas». Este artículo señalaba la bancarrota del planteamiento básico freudiano y de conceptos y técnicas del psicoanálisis íntimamente relacionados, y documentaba las gravísimas consecuencias personales y familiares a que se han visto abocadas muchas de las víctimas de estos tratamientos. El título del informe de Time era: ¿Ha muerto Freud?.

Se dirigían unas preguntas escrutadoras a una especialidad que hace sólo unas décadas era saludada como poseedora de las respuestas para todos los problemas de la humanidad.

¿Es la psiquiatría una disciplina científica válida?
¿Pertenece la psiquiatría al campo de la medicina?
¿Existe realmente algo que pueda denominarse «enfermedad mental» o se trata de una cobertura para los culpables?
¿Desaparecerá la psiquiatría como especialidad, y quedará absorbida por disciplinas no clínicas?

En 1974 el psiquiatra E. Fuller Torrey escribió un libro titulado The Death of Psychiatry [La muerte de la psiquiatría], en el que afirmaba que la psiquiatría «está muriendo ahogada por su propio estetoscopio y hace tiempo que ya hubiese debido ser enterrada.» Con esto se refería a que el objetivo por el que tanto tiempo se había luchado de incluir la psiquiatría como especialidad médica era un error. El doctor Torrey cree que muchos de los considerados como «enfermos mentales» tienen problemas acerca de la vida, no incapacidades físicas. Escribiendo en Controversy in Psychiatry el doctor Torrey describe cómo los neurólogos deberían asumir la responsabilidad de tratar las enfermedades orgánicas cerebrales, con los avances actuales en la investigación acerca de cómo funciona el cerebro, de modo que se descubrirán causas orgánicas para algunas de las «enfermedades» que ahora están tratando los psiquiatras.

La crítica de esta disciplina no es un fenómeno reciente. En 1953 el doctor Walter Maier escribió un manual matrimonial, For Better, Not for Worse [Para lo bueno, no para lo malo], con un capítulo titulado «Las perversiones del psicoanálisis» (el psicoanálisis es la rama de la psiquiatría que explora el «subconsciente» en profundidad, empleando asociaciones libres y análisis de los sueños). El doctor Maier cita Judas 8: «Estos soñadores mancillan la carne.» Condena a Freud y sus teorías como absolutamente inaceptables y advierte a sus lectores que eviten todo contacto con el psicoanálisis.

Uno de los más persistentes críticos de la psiquiatría es Thomas Szasz. En The Myth of Psychotherapy [El mito de la psicoterapia] dice: «Muchos, quizá todos los procedimientos pretendidamente psicoterapéuticos son perjudiciales para los llamados pacientes.» Él cree que la «enfermedad mental» es un concepto mítico, que las personas designadas como psicóticas no están clínicamente enfermas porque no se han descubierto disfunciones cerebrales. Cree que estas personas son «desviados o ineptos sociales, o en conflicto con otras personas, grupos o instituciones».

Una de las preocupaciones de los psiquiatras tradicionales es el decreciente interés en la especialidad por parte de los estudiantes de medicina. En la actualidad entran menos médicos graduados en este campo y hay un creciente abandono por parte de médicos residentes de los programas de especialización. Actualmente hay más de 30.000 psiquiatras en los Estados Unidos. Hace una década, el once por ciento de los graduados de facultades de medicina entraban en la especialidad de psiquiatría; en la actualidad sólo son el 3,6 por ciento. Esta disminución de interés tiene lugar en un momento en el que los informes de salud mental indican que entre el 15 y el 20 por ciento de la población necesita ayuda.

Pero con más de 200 terapias en competencia actualmente disponibles para los «enfermos», los médicos jóvenes dicen que la psiquiatría no se encuentra donde debiera estar.

Recientemente, la preocupación por el futuro de la psiquiatría reunió a los líderes de la profesión en San Antonio. Allí se hizo la observación de que sólo hace veinte años había una gran esperanza de que los hospitales mentales podrían ser vaciados. Con la llegada de los tranquilizantes, muchos se convencieron de que unos buenos fármacos controlarían las psicosis. Aunque es cierto que en la actualidad hay menos pacientes ingresados en instituciones, los tranquilizantes no hay resuelto los problemas; sólo han dado un alivio. La tasa de readmisión ha ascendido desde un 25 por ciento en 1960 a un 65 por ciento en la actualidad. La reunión de San Antonio quedó atascada, y achacaron la imagen manchada de la psiquiatría a la falta de financiación gubernamental, a la pobre imagen de la profesión ante los estudiantes de medicina y a la falta de buenos cursos de estudio en las facultades de medicina.

http://www.sedin.org/propesp/X0130_Ps.htm#mas

La psicologización de la iglesia

Por William MacDonald

Traducción y adaptación: Santiago Escuain

Uno de los fenómenos de la era en que vivimos es la manera en que la iglesia ha sido infiltrada por la psicología secular. En contradicción a 2 Timoteo 3:16, 17, la Biblia ya no es considerada como suficiente como base para el aconsejamiento. Necesitamos psicoterapia. Ya no se confía en el Espíritu Santo para que produzca los necesarios cambios en las vidas de los creyentes. Los ancianos ya no son competentes para orientar. Tienen que enviar a su gente a un terapeuta profesional. Esto a pesar del hecho de que Dios nos ha dado en la Palabra y mediante el Espíritu todo lo necesario para la vida y la piedad (2 Pedro 1:3).

Durante generaciones, los cristianos llevaron sus problemas al Señor en oración. Ahora han de llevarlos a un psiquiatra o a un psicólogo. A los jóvenes ya no se les apremia a que prediquen la Palabra. Ahora el lema es «Practicad la orientación psicológica».

La orientación profesional ha llegado a ser una vaca sagrada hasta tal punto que alguien saldrá inevitablemente en su defensa. ¿Qué es lo que está tan mal con ella? daré a continuación once puntos por los que está mal.

1. La atención de la persona es dirigida al Yo en lugar de a Cristo. Este es un fallo fatal. No hay victoria en el Yo. El autoexamen no es una cura. Los buenos marinos no echan el ancla dentro del barco. Necesitamos a Alguien mayor que nosotros mismos, y este Alguien es Cristo. Más tarde o más temprano debemos darnos cuenta de que nuestra ocupación con Cristo es el camino a la victoria en la vida cristiana (2 Corintios 3:18).

Ibsen, el dramatista noruego, cuenta acerca de una visita que hizo Peter Gynt a un hospital psiquiátrico. Toda la gente parecía normal. Nadie parecía loco. Hablaban muy razonablemente acerca de sus planes. Cuando Peter le mencionó esto a un médico, éste le dijo: «Están locos. He de admitir que hablan de manera muy racional, pero todo es acerca de ellos mismos. Están, de hecho, muy inteligentemente absorbidos en su Yo. Es el Yo —mañana, mediodía y noche. No podemos apartarnos del Yo aquí. Lo arrastramos con nosotros, incluso en nuestros sueños. Ah, sí, joven, hablamos de manera racional, pero estamos bien locos.»

***
6. Luego tenemos, naturalmente, la faceta financiera. James Montgomery Boice comenta: «De modo que en nuestros tiempos tenemos el fenómeno singular de gente que pagan a otras personas para que les escuchen, que es de lo que tratan las profesiones de psiquiatría, psicología y consejería. La consejería es un negocio millonario en dólares. Pero la realidad es que en la inmensa mayoría de los casos no se trata de que los consejeros orienten o aconsejen a sus consultantes. Básicamente, todo lo que hacen es escuchar. Se les paga para hacer lo que en tiempos pasados otras personas hacían voluntariamente.»

Cuando una señora se quejó de que en veinte años de acudir a un psicólogo no había recibido ayuda, una amiga le preguntó: «¿Has ido alguna vez a la iglesia en busca de ayuda?»

«No. Todo lo que la iglesia quiere es tu dinero.»

«¿Cuanto le has pagado al psicólogo?»

«Le he pagado 60 dólares a la semana durante estos veinte años, y esto con un salario mensual de 2400 dólares.»

Sesenta dólares por semana ascienden a 240 dólares al mes. La décima parte de sus ingresos. Estaba pagándole el diezmo a su consejero, pero no estaba dispuesto a diezmar para la iglesia. Y admitió que no había mejorado nada por ello.

Otra mujer objetó a lo que llamaba el doble estándar de su analista. «Durante seis años fui a ver a mi analista cinco veces a la semana y me privé de muchos de los pequeños extras de la vida, como vestidos bonitos y vacaciones, para poder pagarlo. Pero cuando enfermaba y perdía una sesión, pasaba algo extraño. Mi analista insistía en que mi enfermedad era una especie de venganza psicosomática —que estaba subconscientemente resistiéndome al tratamiento. Naturalmente, siempre tenía que pagar. Pero cuando se iba para su acostumbrada vacación de un mes entero en agosto, dejándome a la deriva, sola y llena de pánico con muchos conflictos sin resolver, se suponía que yo tenía que entender cómo sus vacaciones no interrumpían el análisis.»

Rollo May, una voz líder en la profesión desde sus comienzos a principios de la década de 1950, lamentaba que la psicoterapia hubiera sucumbido al afán de lucro y a las «añagazas». «La psicoterapia,» dice él, «se ha convertido en un negocio donde tienes clientes y ganas dinero.» Muchos que practican esta profesión afirman que para ser eficaz, el tratamiento debe constituir un sacrificio económico para el «paciente». Éste no lo respetaría si fuera una ganga. No hay para extrañarse de los chistes que hace la gente: Un neurótico es uno que construye castillos en el aire. Un psicótico es quien vive en ellos. Un terapeuta es el que cobra el alquiler.

http://www.sedin.org/propesp/X0129_Ps.htm

Sir Karl Popper: Psicoanálisis, ciencia y pseudociencia

http://www.sedin.org/propesp/X0164_Po.htm

También lo hemos puesto en el blog

https://psiquiatrianet.wordpress.com/2008/05/12/sir-karl-popper/

Todo se “arregla” con la psiquiatría

La economía va mal, démosle una incapacidad por depresión a los parados quejosos

La familia está en crisis, los hijos están enfermos

Psiquiatría biológica, Neurología disfrazada

Psiquiatría a secas religión del estado laico

El estado Islámico se divide entre musulmanes y no musulmanes.

El estado psiquiátrico se divide entre cuerdos (los que tienen poder) y enfermos mentales (los demás)

Menos mál que la Psiquiatría como tal nació hace relativamente poco porque sino a Galileo Galilei le hubieran empastillado y a Jesucristo le hubieran lobotomizado.

Sino estaríamos viviendo en un infierno atrasado y desquiciante por completo, digno de las peores pesadillas medievales; todavía peor que el cuadro de abajo

Psiquiatría fraude y terrorismo de estado

“La psiquiatría no es ciencia sino el relevo histórico de la Inquisición”.
El peligro humano de los que se creen dueños de la moral y de las imposiciones dogmáticas enmascaradas como ciencias cuando son imposiciones morales, dogmáticas y por tanto religiosas.
La moral religiosa psiquiátrica es una de las más ciegas y dañinas pseudoterapias para los individuos y sus familiares. La psiquiatría no es la primera que trata normas morales como enfermedades, sino que además la causa de rupturas familiares, suicidos, torturas, persecuciones, empeorando el resultado y evita que los seres humanos se hagan responsables de sus actos y por ende clasifica en función de diagnósticos morales (no médicos) con mentiras y malas artes, al fin de garantizar los vicios de poder y autoritarismo placentero de obediencia y sometimiento a las morales que son siempre inconcluyentes de un estado totalitario y fanático. La psiquiatría evita que el ser humano se haga cargo de su vida, y se haga responsable de sus actos promoviendo así una moral inquisitorial y fanática basada en Dios y no en el ser humano.

Lo que los herejes antiguos perseguidos por el cuestionamiento a una moral basada en dios y no en la realidad y las causas mismas de los problemas.
Hoy día vivimos una situación similar. En la que se nos impone moralidades absolutas que amenudo terminan en graves tragedias sociales y humanas ya que éstas son subjetivas. Como siempre un estado ciego de fanatismo y que se refleja en las leyes, éstas basadas en opiniones y comandadas por el estado autoritario (policial y económico como psiquiátrico).

La psiquiatría se impone al laicismo y la democracia ya que se trata de represiones morales y de imposición de valores a la sociedad por la fuerza y de dogmatismos.

 

Todavía no quieren ver que no existen moralidades absolutas, por lo que el resultado de la imposición de éstas terminan en graves tragedias familiares, suicidios, rupturas, etc. La psiquiatría deshumaniza crea mounstruos no humanos.
LUCHEMOS CONTRA LA MORALIDAD CIEGA QUE REPRIME Y MALFORMA LA CONCIENCIA”

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Una web de payasos fanáticos en hospitales sacando dineros a los pacientes hospitalizados una falta de respeto que sólo se la dejaría pasar tan sólo porque son unos inconscientes.

Sobre mi.

Hola me llamo Miguel Ángel y me describo como un positivista utópico. No dogmático y amoral. Así como también soy introvertido y me gusta la soledad y disfrutar de la lectura y buenos libros en ciencias y filosofía. Soy hogareño y solitario.

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